domingo, febrero 06, 2011

Breve prognosis sobre las librerías en nuestro país...

[Mis disculpas de entrada por la longitud de este post, pero no tengo tiempo de resumirlo...
Y por cierto, si queréis leer sobre Egipto, no hagáis mucho caso a los grandes medios y leed a gente bien informada de verdad, como los que tengo vinculados a la derecha en mi blog: The War Nerd, Juan Cole, Global Guerrillas, etc.]

Hace unos años -un montón, de hecho-, yo solía ir periódicamente a las librerías -bueno, en realidad grandes superficies donde vendían libros, como la FNAC, Crisol, o la Casa del Libro-, a ojear de todo, y comprarme finalmente, tras un par de horas, algunos libros.
Claro que no podía permitirme comprar tantos como ahora, aunque entonces sí cabían en casa, razonablemente al menos, no como ahora, que hacen las casas de forma que no puedas acumular ni ropa ni libros -lo cual no es malo per se, pero a mí me está haciendo replantearme cosas-, pero eso hacía más intensa la experiencia... "cuáles dos o tres cojo finalmente de estos seis o siete"...

Posteriormente empecé a no tener tanto tiempo, el tráfico de Madrid aumentó exponencialmente, junto a las ventas de coches y motos; de tener un payaso de alcalde pasamos a tener uno con megalomanía faraónica, y al aumento del tráfico se unió la zona de estacionamiento militarizado, digo vigilado, y las zonas del centro de la ciudad en las que te multan sí o sí, y luego tienes que ir a demostrar que eres residente, o que ibas a un párking de la zona -y más te vale haber guardado aquel ticket de cuatro meses antes-...
Total que dejé de ir a ojear libros tan a menudo...
Pero la causa fundamental fue Amazon. Eso de que pudieras leer miles de comentarios sobre una novela que estuvieras planteándote comprar -y eso que al principio no podías discutir con los demás lectores, como ahora... "Brian Herbert es un gilipollas pesetero sin talento; hombre, su padre está muy sobrevalorado; pero qué dices hombre..."-, eso de que pudieras leer las primeras páginas, y que te la llevaran a casa... eso era fantástico. Y eso a pesar de los impuestos vergonzosos al cruzar la frontera española -todavía no existía el Schengen-...
Así me instalé en un hábito nuevo, que básicamente consistía en que me compraba casi todos los libros por la red, y una vez al año, a finales de noviembre, al ir a varios centros comerciales a comprar los regalos de navidad, paraba en la gran librería de turno a ojear libros -y comprar algunos, aunque cada vez menos a menudo para mí-... y con el paso del tiempo he ido notando que esas grandes superficies de libros están desvirtuándose: Se están convirtiendo en versiones libreras del abominable Blockbuster Video de finales de los 90.
Me explico.
Hace como quince años, yo me podía pasar un par de horas examinando libros en la FNAC o en la Casa del Libro -menos en Crisol, que fue la primera que se "blockbusterizó"-, porque, junto a lo más reciente -todavía no se había institucionalizado lo de comprar sólo lo que supuestamente lee la mayoría del vulgo-, encontrabas libros poco ojeados, poco vendidos, de poca tirada...
Y sutilmente, poco a poco, empezaron a no tener más que decenas de copias del best seller que todo el mundo debía leer.
Recuerdo perfectamente aquel día en el que expusieron cientos de ladrillos del infame código da vinci en la FNAC de Callao. Aquel instante tenía algo de nodo espaciotemporal, de encrucijada noosférica... ya no habría vuelta atrás. Enseguida menguó a la mitad la sección de Fantasía y Ciencia-Ficción, canibalizado su espacio por la primera generación de bodrios paridos por "periodistas".
Y lo que es quizá peor: los empleados de la FNAC, que muy al principio eran gente muy competente que enseguida te encontraban lo que les pedías, sabían lo que les estabas pidiendo casi siempre, o te proponían buscártelo y traértelo, fueron sustituidos por perroflautas analfabetos y menos entusiasmados por su trabajo que los primeros reclutas que fueron a Vietnam...
Hoy en día, a principios de 2011, Crisol ya no existe -menos mal-, la FNAC está estancada en mero expositor de bestsellers y billboard de lo más comprado -no lo más leído- por la plebe, y La Casa del Libro, aunque no he ido tan a menudo, me da la impresión de que va cayendo a lo mismo; las últimas veces que he ido buscando libros en español para regalar, he tenido que indicarle yo al vendedor dónde estaba lo que yo le pedía porque él era incapaz de verlo, y eso que estaba ante sus narices... y en cualquier caso, con esa mierda de página web que tiene La Casa del Libro, dan ganas de no ir de entrada.
¿Qué ha podido ocurrir para que cierre Crisol, la FNAC se haya convertido en el blockbuster, etc?
Es tentador decir que la culpa es de la compra por internet, de Amazon y sus imitadores...
Pues no.
En los últimos años, he ido a grandes tiendas de libros en UK, en Francia, en USA... y no exhiben para nada ese fenómeno... No se han convertido en muestrarios de feria de bestsellers. Hay libros raros, no sólo hay gente estereotipada buscando el bestseller que le han dicho para regalar a ese familiar que es tan capullo que presume de leer, los empleados son MAYORES, cultos, y eficientes: no son perroflautas con aspecto de trabajar en el Friday's llevando miles de chapitas y cantando esa memez de canción de cumpleaños. En ninguna de ellas. He estado en Gibert Joseph, en Gibert Jeune, en varias FNAC de Paris y Bruselas, en muchos Borders, en varios Barnes&Noble, en Strand, etc.
No se han vulgarizado ni idiotizado como las de aquí.
Y eso que allí la conexión a internet funciona de verdad, y encima es mucho más barata que en España...
Así que me veo obligado a concluir que es la combinación de varios factores: uno, la falta de espíritu emprendedor de nuestro país de funcionarios epizoóticos; dos: el nivel cultural de nuestros conciudadanos cae en picado, y tres, la competencia de las tiendas virtuales.
Uno: No han hecho nada por cambiar. Si acaso han empeorado, contratando perroflautas que deberían estar sirviendo hamburguesas de fast food -de esas que devoran los antisistema catalanes- en vez de vender libros... No es fácil encontrar dónde sentarse, ni dónde tomar un café. Si tales cosas existen -que no me acuerdo-, desde luego no están tan bien puestas como en Borders... No te premian por llegar allí -aquí la culpa es del alcalde Fallardón, que se ha propuesto acabar con el tráfico-...
Dos: el español no sólo no lee, sino que si se atreve a mencionar que lee algo que no sean bestsellers de conjuras que involucran al vaticano, es un marisabidillo y creído, cuando no es un mitómano antisocial o un aciguato que va de guay y no llega ni a medio chachi -palabra que eso lo he oído personalmente-...
Y tres: Como ya he dicho muchas veces, no hay comparación posible entre ir en coche (gasolina, aparcamiento, atasco) o ir en metro (TIEMPO, riesgo de que te peguen o atraquen, calor, etc.), a comprar un libro a 22-28 Euros que casi seguro no van a conocer, ni van a tener, y encima va a esgrimir una traducción lamentable en muchos casos, con que te llegue un email avisándote de que uno de tus autores favoritos ha publicado otro libro, que te llevarán a casa sin gastos de envío, en una edición mucho más cuidada físicamente, y encima en versión original, o en una traducción francesa o inglesa infinitamente mejor que la futura traducción española o mejor dicho latinoamericana, y todo eso por 6-10 Euros...

A estas alturas el lector estará pensando en las librerías pequeñitas de barrio. Seguro, salvo que en mi barrio de la periferia no hay, y que para que me lo pidan o busquen ya lo hago yo por la red, ahorrándome de paso el trayecto y el tiempo...

Así que, ¿qué creo que va a ocurrir?
Que la FNAC se convertirá en una especie de MediaMarkt con ínfulas de pijerío, vendiendo tecnología y manteniendo una pequeña sección de bestsellers -como hacen el MediaMarkt o el Saturn.
Que la Casa del Libro seguirá igual, vendiendo una imagen ilusoria de librería universitaria sofisticada -no lo es en absoluto, tiene muy poco de todo-, y capitalizando sus enormes superficies en zona privilegiada para atraer bohemios del centro y guiris hispanohablantes.
Que las librerías pequeñas de barrio deberán abaratar sus costes hasta lo indecible, quizá especializándose en géneros concretos -pero perdiendo cuota por ello-, y dependiendo de mercados menguantes -gente mayor ajena a la telemática, o gente joven paranoica, o bohemios románticos y neohippies esquizofrénicos-, y probablemente deberán vender algo más que libros, como las "librerías" de Cádiz o Málaga, que son papelerías y kioskos con algún libro...

Y a los que nos gusta leer de verdad, nos quedarán Amazon, The Book Depository, Play.com... o visitar las grandes librerías de los países vecinos.

Sospecho que esto no ocurre sólo con las librerías en nuestro país... basta ver el estado de la investigación -a punto de extinguirse, y mucho más deprisa que el atún rojo- o la nula creación de empleo de alta cualificación... como ya vaticiné en otros posts, en algunas décadas, cuando sólo quede inmigración latina como población joven y toda la gente bien formada haya solicitado asilo en países desarrollados de verdad, Marruecos hará una nueva marcha verde y España volverá a ser una república islámica, pero no a la cabeza de la civilización como hace once siglos, más bien en el culo...

2 commentaires:

Miguel Baquero dijo...

Muy bien análisis, sí señor, has dado en el calvo en muchas cosas. Realmente las librerías que citas son cada vez más unos Mediamarkt del libro. Quedan aún librerías buenas, como Fuentetaja o Machado, por ejemplo, donde el librero entiende o al menos ha oido lo que le estás pidiendo (no como en la Casa del Libro, donde ya Zola les suena a rarísimo), pero la presión de las grandes superficies las está asfixiando.

Acido_Cinico dijo...

gracias por el comentario! he estado totalmente fuera del mundo -y seguiré-... nuestro común amigo con nombre de dictador te instruirá al respecto... un abrazo!!